La intervención arqueológica de la Diputación de Lleida en el arco de Adar permite concretar su datación a finales del siglo XV

DCIM100MEDIADJI_0016.JPG

DCIM100MEDIADJI_0016.JPG

DCIM100MEDIADJI_0016.JPG

DCIM100MEDIADJI_0016.JPG

Se ha llevado a cabo durante dos meses en Llardecans y ha ayudado a entender la función constructiva para la que fue hecho, dentro de un gran casal que tenía otras dependencias y arcadas más pequeñas

La Diputación de Lleida, a través del Institut d’Estudis Ilerdencs, ha finalizado los trabajos de recuperación del arco de Adar de Llardecans, una tarea para la que cuenta con la total colaboración del Ayuntamiento de Llardecans.

Hay que recordar que la construcción se encontró derruida el pasado 31 de marzo. Se trata de un monumento catalogado como Bien Cultural de Interés Nacional, situado a lo alto de una colina del término municipal de Llardecans, y con un valor patrimonial y sentimental incalculable.

El proyecto, llevado a cabo por la Sección de Arqueología de la Diputación, y que ha contado con un presupuesto de 28.000 euros, ha permitido concretar su datación en las postrimerías del siglo XV.

La ejecución se ha realizado en tres fases. En la primera, dirigida por el restaurador Ramon Solé, se procedió a la limpieza e identificación de la posición de cada una de las 34 dovelas que formaban el conjunto. En la segunda, que se llevó a cabo a continuación, bajo la dirección del arqueólogo Josep Medina, se recuperó la planta del primer edificio al que pertenecía el arco. La última fase ha consistido en la colocación del arco en su posición original y ha contado con la dirección del arquitecto Josep Àngel Corbella.

Se trataba de un arco apuntado de 34 dovelas que quedaba como único testigo de la planta baja de un edificio rectangular ya desaparecido, igual que el resto de las casas del poblado de origen árabe. El acta data del siglo XVI o XVII. Las guerras modernas hicieron desaparecer el pequeño núcleo habitado, cuyo único vestigio es el arco, de 3,60 metros de altura y un poco más de seis metros de luz.

De esta manera, y tal como han explicado la Sección de Arqueología de la Diputación de Lleida en su balance, “la intervención arqueológica ha permitido concretar la cronología del arco de Adar, que habría sido erigido a finales del siglo XV, y ha ayudado a entender la función constructiva para la que fue hecho, dentro de un gran casal que tenía otras dependencias y arcadas más pequeñas. A finales del siglo XVII se encontraría en estado ruinoso y parte de sus piedras se aprovecharon para edificar, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, la ermita de Sant Marc y algunas casas y márgenes próximos, si bien la emblemática arcada, que ya se ha comenzado a levantar en el lugar donde estuvo durante quinientos años, permaneció en pie”.

Lleida, 20 de agosto de 2019