Historia de la institución

Façana Diputació

Las diputaciones provinciales constituyen el nivel superior de la administración local y tienen su origen en la división del Estado español en provincias en 1812, con la Constitución de Cádiz. La primera Diputación de Lleida empieza a funcionar el 5 de mayo de 1822, pero son unos inicios frágiles. La institución desaparece un año después con el absolutismo, y su regreso no se producirá hasta el año 1836, gracias al asentamiento del nuevo marco político liberal.

Durante estas primeras décadas, se caracteriza por ejercer una función más bien consultiva. Pero a lo largo del siglo, y pese al periodo convulso que atraviesa España —con las guerras carlinas, los periodos revolucionarios y los cambios de gobierno entre moderados, absolutistas y liberales—, la Diputación de Lleida mantendrá una actividad notable y continuada en aspectos que eran de un interés capital en aquella época. Tanto en agricultura e industria como en la instrucción pública de la beneficencia y la sanidad, la corporación provincial asume un rol destacado.

La itinerancia de la institución también es relevante durante el siglo XIX. La inestabilidad política de la época explica el cambio de sede por distintos edificios de la ciudad de Lleida. Finalmente, en 1898, un antiguo hospicio, el actual palacio provincial, ubicado en la rambla de Ferran de la capital de El Segrià, se convierte en la sede definitiva.

 

La Mancomunidad, un referente

Seguramente, el periodo histórico más prolífico de las diputaciones lo encontramos a inicios del siglo XX. En 1914, las cuatro corporaciones catalanas, bajo la iniciativa de Enric Prat de la Riba y con una clara vocación de hacer país, constituyen la Mancomunidad.

Socialmente comprometida, culturalmente ejemplar y territorialmente implicada, la actuación de la Diputación de Lleida, al amparo de la Mancomunidad, sienta un precedente. Es en esa época cuando se crearon —solo para citar unos ejemplos— la Escuela Superior de Agricultura o el nuevo Hospital de Santa María, y cuando se liberó del aislamiento a muchos pueblos de las comarcas leridanas.

Con la proclamación de la Segunda República y la creación de la Generalitat, en 1931, las cuatro diputaciones desaparecieron para integrarse en la Comisaría del gobierno catalán.

No obstante, poco después, la historia de esta administración cambió de nuevo. Con la Guerra Civil Española, las diputaciones fueron reinstauradas y recobraron su carácter primigenio: la función centralizadora.

La instrucción pública de la beneficencia y la asistencia destinada a reparar los efectos del conflicto bélico se intensificaron durante la posguerra. Los esfuerzos en asistencia social fueron notorios, así como la voluntad manifiesta de imponer un modelo cultural diferente al catalán. El vestigio más presente de este modelo es el Instituto de Estudios Ilerdenses, creado en 1942 como contraposición al Institut d’Estudis Catalans, fundado por Enric Prat de la Riba. En cuanto a la organización, la dirección de la institución recayó en una gestora durante 19 años, hasta que, en 1949, se aprobó el funcionamiento de las Diputaciones Provinciales de Régimen Común.

Con el retorno del exilio del presidente Josep Tarradellas hubo un vano intento de que las diputaciones se convirtieran en delegaciones de la Generalitat. Desde entonces, la Diputación de Lleida ha ejercido plenamente como gobierno local intermedio, de servicio a los ayuntamientos.

 

El presente y el futuro

El Estatuto de Cataluña del 2006 propuso la sustitución de las diputaciones por veguerías, de acuerdo con un modelo de organización propio.  Lo cierto es que, por el momento, estas instituciones trabajan estrechamente con el Gobierno de la Generalitat por un nuevo modelo de país y con una clara vocación de unidad, que recuerda al exitoso modelo de la Mancomunidad.

Antiguos presidentes

La Diputación ha sido presidida por destacados dirigentes políticos de cada uno de los periodos históricos Leer más